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Parto humanizado

Se denomina parto respetado o parto humanizado a un modo de atender el proceso de parto en el cual se privilegia la voluntad de la mujer que va a dar a luz y se respetan sus tiempos fisiológicos personales.

Un parto humanizado es aquel en que la mujer decide, recibe información y es consultada en todo momento del proceso. Está acompañada por las personas que ella desea, adopta las posturas que libremente le convienen y no es sometida a intervenciones o medicalización por conveniencia ajena. Se respetan sus derechos de intimidad, integridad y autonomía.
 
Conviene diferenciarlo del parto natural, que la OMS asimila como el parto eutócico, en el que todo se desarrolla según los procesos fisiológicos naturales con respeto a los ritmos propios de cada embarazada, sin intervenciones quirúrgicas innecesarias.
 
Normalmente concluye con un parto vaginal (aunque no siempre un parto vaginal es sinónimo de parto humanizado).
 



También se ha acuñado la expresión “parto normal” para referirse a aquel “con el que la mujer finaliza su gestación a término, en el que están implicados factores psicológicos y socioculturales; su inicio es espontáneo, se desarrolla y termina sin complicaciones, culmina con el nacimiento y no implica más intervención que el apoyo integral y respetuoso del mismo" (Federación de Asociaciones de Matronas de España). Cada parto es único y las mujeres diversas, por eso también se habla de parto respetado aunque se hayan usado métodos “poco naturales” (epidural, cesárea, etc.) si era lo que realmente la futura madre deseaba.
 
La OMS ha elaborado una serie de recomendaciones para humanizar el trabajo del parto. A continuación resumimos las cuestiones que suelen ser menos respetadas:
 
  • Postura y libertad de movimientos durante el parto: Las mujeres no deben estar tumbadas sino decidir libremente su posición, si bien recomiendan caminar o mantenerse en vertical para favorecer la dilatación y el momento expulsivo.
  • Vestimenta y preparación: Las embarazadas deciden sobre su vestimenta, la del bebé, comida, destino de la placenta y cualquier práctica cultural. Los enemas y el afeitado están contraindicados.
  • Epidural y oxitocina: Debe evitarse la administración rutinaria de analgésicos o anestésicos. La epidural aumenta el índice de cesáreas y de fórceps. La oxitocina es considerada por la OMS como una intervención mayor por sus riesgos y sólo debe usarse en casos muy concretos por indicación médica con la autorización de la madre. Provoca contracciones más dolorosas y mayor número de cesáreas. En la mayoría de los casos se usa sólo para acelerar el parto.
  • Cesárea: Las estadísticas arrojan que en ninguna zona geográfica debería haber más de un 10% de cesáreas (los países con menor mortalidad perinatal del mundo tienen este porcentaje). Son intervenciones quirúrgicas de mayor peligro que el parto vaginal y con un postoperatorio más largo.  Sólo están indicadas en partos de alto riesgo y se calcula que el 90% son de bajo riesgo. Se estima que en España se hacen 36.000 cesáreas innecesarias cada año. El 22% de los niños nacen por este método y el 18% son extraídos mediante fórceps.
  • Prácticas para inducir el parto: No deben inducirse por métodos artificiales los partos a conveniencia ni iniciar la ruptura artificial de membranas salvo justificación médica. Según El Parto es Nuestro: “El 70% de las inducciones en primíparas acaba en cesárea o fórceps. En los demás casos el riesgo aumenta en un 50%. Sólo cuando el personal es altamente cualificado el riesgo disminuye”.
  • Episiotomías: La OMS no justifica la incisión en la vagina para su apertura de forma rutinaria. En España hay un índice de episiotomías del 89%,  lo que causa sangrado, dolor y a veces ni facilita la dilatación.
  • Piel con piel. El recién nacido debe permanecer en contacto con la madre si la salud de ambos lo permite.
Es conveniente recopilar información sobre cuestiones importantes acerca del lugar donde tendrá lugar el parto, especialmente que sea un centro médico acreditado, que permita el acompañamiento de las personas que deseamos (tanto familiares como profesionales), disponga de los métodos que elijamos, etc. También se recomienda elaborar un protocolo y asegurarnos que el centro seleccionado dispone de las instalaciones, el personal y la sensibilidad adecuados para velar por su cumplimiento. Cuando no se respetan las decisiones de la mujer y se recurre a prácticas que contradicen la voluntad de ésta se puede estar cometiendo violencia obstétrica.

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