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En torno a la violencia sexual, mitos y aptitudes que siguen persistiendo

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Determinadas actitudes sociales así como la respuesta del entorno de la víctima pueden agravar más su recuperación.




La violencia sexual supone un problema mundial que por sus características aparece invisibilizado socialmente. Según informes de la OMS, el riesgo de violación a lo largo de la vida es para las mujeres en torno al 20% y para los hombres sobre el 4%. Sin embargo se prevé que sólo se denuncia una de cada cinco violaciones. Numerosos estudios tratan de averiguar los factores sociales, familiares, etc., que influyen en esta invisibilidad de las agresiones sexuales y hacen que en muchos casos las víctimas (mayoritariamente mujeres) ni siquiera denuncien el delito.

Actualmente siguen existiendo estereotipos y actitudes sociales en torno a las agresiones sexuales que no ayudan en absoluto a su visibilización y rechazo social. Un ejemplo es el mito del violador desconocido que ataca en descampados o lugares oscuros. Sin embargo, no es esta la situación más habitual en la que se producen las violaciones y otras agresiones sexuales, por el contrario suele tratarse de personas cercanas a la víctima de la agresión ya sean maridos, novios, compañeros de trabajo o amigos. Esta característica del agresor supone también que en muchas ocasiones la agresión se realice en algún lugar privado o incluso en el hogar de la propia víctima. En este sentido se calcula que entre un 10% y un 14% de mujeres sufren violaciones dentro del matrimonio. En España la violación dentro del matrimonio no se penalizó hasta el año 89, en Reino Unido hasta el año 91 y en Alemania no fue penalizada hasta el año 96.

En relación a las actitudes sociales, una encuesta realizada por Opinión Matters en el Reino Unido, mostró que el 56% de las personas participantes pensaban que en algunas circunstancias la víctima tenía parte de responsabilidad de sufrir la violación. Para estas, esas circunstancias que podían justificar en alguna medida la violación eran: estar teniendo algún tipo de relación sexual con alguien (73%), meterse en la cama con alguien (66%), beber en exceso (64%), ir a casa de alguien a tomar una copa después de salir de fiesta ,(29%), vestir de manera provocativa (28%), bailar de forma sexy con alguien en un bar (22%), tontear (21%), besar a alguien (14%) y aceptar una copa y charlar con alguien en un bar (13%).

Pero además, según un estudio de la organización británica STt. Andrews Healthcare, “uno de los factores más importantes a la hora de predecir la gravedad de la sintomatología postraumática en cualquier víctima de violación es la respuesta que recibe de su entorno después de la experiencia”. Si la experiencia de la víctima se ignora, no se reconoce o se minimiza, o si se culpa a la víctima, la recuperación se hace mucho más complicada.

Ambas claves, influencia del entorno social y familiar de la víctima, nos da ideas de hacia donde debemos caminar para visibilizar este problema que permanece oculto en nuestras sociedades. Las agresiones sexuales son un problema actual y uno de los problemas más preocupantes es la normalización que se hace de muchas de estas agresiones, que no se perciben como tales. Siendo esta una de las razones de que no se denuncien.

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