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Cáncer de cérvix y revisiones ginecológicas

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El cáncer de cuello de útero es uno de los más extendidos, pero existen pruebas de detección que pueden prevenirlo

¿Qué es el cáncer de cuello de útero?

El Cáncer de Cérvix se denomina así porque ataca las células del cuello del útero, la parte inferior de éste, unido a la parte superior de la vagina (también conocido como cérvix).




Las células pre-malignas van creciendo descontroladamente hasta convertirse de forma gradual en tumor maligno. En los primeros estadios de la enfermedad no suelen aparecer síntomas, sino que se manifiesta cuando el cáncer de cuello uterino invade otros tejidos u órganos. Algunos de estos síntomas son el sangrado no asociado a la menstruación o cambios en el color y cantidad del flujo vaginal. Existen dos tipos de cáncer de cuello de útero: carcinoma de células escamosas o adenocarcinoma. Los cambios precancerosos se denominan displasias y son totalmente tratables.

La mayoría de los cánceres de cuello de útero los provoca el Virus del Papiloma Humano.  Es importante recalcar que muchas mujeres tendremos el virus del papiloma humano pero no desarrollaremos la enfermedad ni lesiones asociadas como las verrugas genitales. Y que existen más de 100 cepas del VPH y sólo algunas conllevan este cáncer si no se detectan a tiempo. Por ejemplo, las vacunas previenen la infección por las cepas de los sub-tipos 16 y 18. El 90% de las cepas de las que nos infectamos las elimina nuestro cuerpo de forma natural.

En España, se diagnostican 2.500 casos nuevos al año de cáncer de cérvix. Es el sexto cáncer de mayor incidencia en las mujeres. El cáncer de cuello uterino ocasiona 800 fallecimientos anuales. Se estima que 4 de cada 10 casos (el  40%) se diagnostican tarde. El 90% de los casos sobrevive más de 5 años cuando el cáncer se detecta en una fase inicial.  Por eso, las revisiones ginecológicas periódicas son imprescindibles.

Revisión ginecológica y pruebas para detectar el cáncer de cérvix

La recomendación es empezar a realizarse las pruebas a partir de los 21 años. Tras el primer examen, se puede acudir cada tres años a la citología y cada 5 años a la prueba específica del VPH. La citología vaginal, también denominada Papanicolau (en honor al médico que la investigó), se descubrió midiendo el patrón hormonal en cobayas. Permite comprobar la variación de las células como preludio del cáncer. El test Papanicolau ha reducido en un 70% la incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino en los países que lo emplean. Por otro lado, la prueba del VPH explora la presencia del virus en sí. A partir de los 65 años, si los exámenes anteriores no han detectado problemas, se pueden espaciar las revisiones. Sin embargo, puesto que la vía de transmisión son las relaciones sexuales, desde aquí recomendamos realizarse revisiones ginecológicas anuales. De esta manera, es imposible desarrollar la enfermedad, totalmente tratable en sus primeras fases. Así, si el resultado de las pruebas es favorable, la mujer puede estar tranquila hasta la próxima revisión. La probabilidad de desarrollar cáncer de cuello de útero en el siguiente año es bajísima. Además, la fase pre-cancerosa es 100% tratable.

Estas pruebas sólo detectan el cáncer de cuello uterino (no otros tipos de cáncer ginecológico, como el cáncer de ovario, cáncer vaginal, etc.). Si se desea, se pueden pedir las pruebas de detección conjuntas para una revisión más completa.

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