

Herpes genital: también llamada herpes simple genital, herpes en los genitales, herpesvirus 2 o HSV-2.
El herpes genital es una enfermedad de transmisión sexual causada por los virus tipo 1 y tipo 2.
Los virus que producen el herpes genital son más frecuentes en las mujeres que en los hombres.
El virus se contrae a través de las relaciones sexuales sin protección con personas infectadas, la persona infectada puede que no sepa que está infectada por no presentar ningún síntoma, de ahí que le pase el virus del herpes genital a la otra persona, este es el virus de tipo 2, porque normalmente el virus tipo 1 causa infecciones en la boca o labios, aunque en menos ocasiones puede causar el herpes genital.
El virus del herpes genital se puede transmitir a través de secreciones orales y genitales, en el caso de las mujeres embarazadas éstas pueden transmitirles la enfermedad a sus hijos durante el alumbramiento.
Es muy importante la utilización de métodos anticonceptivos como el preservativo para evitar ésta y otras enfermedades venéreas.
Los síntomas más claros del herpes genital son las ampollas que aparecen en los genitales, recto, etc. Antes de que aparezcan las ampollas la persona infectada puede tener una serie de síntomas como pueden ser dolor en la zona donde aparecerá la ampolla, ardor, hormigueo, etc.
Cuando la ampolla se rompe aparecen en la piel úlceras superficiales que producen bastante dolor a la persona, en unos 10 días éstas úlceras se convierten en costra y sanarán de una manera lenta.
La infección por herpes genital produce dolor muscular, fiebre, dificultad al orinar.
El médico puede hacer un diagnóstico rápido del herpes genital cuando las ampollas se ven a simple vista, se suele coger un pequeña muestra de la lesión para su posterior análisis.
En el caso de que la lesión del herpes genital no se vea a simple vista es cuando su diagnóstico se hace más complicado, pero mediante un análisis de sangre para detectar el virus tipo 1 y el virus tipo 2 se puede diagnosticar la enfermedad.
El herpes genital no tiene cura, pero existen medicamentos que hacen la vida de la persona infectada un poco más fácil, disminuyendo el dolor o las molestias durante el tiempo que dura el brote.
La medicación puede producir efectos secundarios como náuseas o incluso vómitos, fatiga, convulsiones, etc.
Los baños con agua templada pueden aliviar un poco el dolor.